Hace un tiempo escribí en en mi blog sobre el rendimiento que se obtiene de la enfermedad, en particular del beneficio económico que las farmacéuticas obtienen gracias a la receta indiscriminada de medicamentos, en especial ansiolíticos, antidepresivos y psicofármacos que producen graves efectos secundarios, ayudan a cronificar enfermedades, provocan adicción y aceleran la muerte.
No podemos confiar la salud a quienes se lucran a su costa. Cuando las farmacéuticas pagan miles de euros a un médico para que recete indiscriminadamente un fármaco con el beneplácito del sistema de salud y de sus legisladores que no lo impiden, tranquilos, no podemos estar.
Es increible que pese a las grandes denuncias que las farmacéuticas tienen por muchos de sus medicamentos, por los daños ocasionados, por los falseamientos en las pruebas previas, en España se quiera continuar comprando el silencio de los médicos a través de comisones y comprando la enfermedad a través de enganchar a pacientes a medicamentos que enferman o matan.
Cuando yo tenia 13 años enfermé con anorexia nerviosa. Estuve en tratamiento hasta los 21 y en mi adolescencia llegué a tomar hasta diez pastillas diarias, entre ellas numerosos tranquilizantes, antidepresivos y medicamentos psicotrópicos varios, que hicieron que mi vida fuera como la de un zombie y que me indujeron en al menos dos de las ocasiones a intentar suicidarme, medicamentos como el PROZAC.
Mi adolescencia se limitó a encadenar ingresos hospitalarios en los que los derechos fundamentales se tenían que conseguir, eran premios por ganar peso o portarse bien, derechos como ducharse, ver a tus padres, (dignidad) escribir (expresión) o moverse de la cama (contención-tortura)
Todo esto con más detalle y más amplio lo relato en mi biografía. Hoy tan solo quiero recordar la hipocresía que nos dirige incluso en materia sanitaria. La avaricia y el enriquecimiento a costa de la muerte.
Os dejo un análisis publicado en «el economista del año 2019» por Carles Huguet en post siguiente.
Cuidaros mucho

