No es cuestión de ser desconfiados sino más bien de estar seguro de que podemos confiar en alguien. Y es que cuando a uno lo traicionan, engañan o se ríen de él, (en el sentido que tiene no tomar en serio a una persona o lo que siente) lo más difícil sin duda será volver a confiar en otra persona.
Ya sabemos todos eso tan bonito de» no generalizar», «no medir a todo el mundo con el mismo rasero» pero ¿Cuántos de quienes conocemos estarían dispuestos llegado el caso de demostrar que no forman parte de ese «todo el mundo traidor»?.
Está claro que las personas no deberíamos andar por el mundo demostrando nada a nadie, sin embargo dar con determinadas personas nos hace precisar de estas muestras por el mero hecho de nuestro autocuidado.

«NO HAY
PERSONA
MÁS ENGAÑADA
QUE AQUELLA
QUE ENGAÑA
A OTRA».
En el otro lado encontramos muchas veces la frustración de observar como todo lo que nosotros demostramos a esa persona a quien de verdad queremos, no fue suficiente, no fue valorado, no sirvió en definitiva para nada más que invertir nuestro tiempo, nuestro amor, nuestros sueños o nuestras ilusiones en alguien que finalmente además de no valorarlo y por ende no valorarnos a nosotros, tampoco fue capaz de cuidarnos, anteponernos cuando hacía falta o buscar soluciones junto a nosotros en caso de que aparecieran problemas.
En definitiva, no es cuestión de desconfiar sino de confiar demasiado hasta el punto de creer en alguien a pie juntillas, dejarlo todo por esa persona, defenderla ante quien sea necesario para obtener de vuelta traición, engaño o daño emocional.
No hay persona más manejable, vulnerable y controlable que aquella que además de amar a otra, confía plenamente en lo que esta la dice.
Pero no hay persona más engañada que aquella que engaña a otra que además no se lo merece.
AMELY
